Una de títeres

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¿Qué nos puede decir una obra de títeres a un público adulto? “La única verdad es la realidad”, una propuesta original para ponerse de buen humor.
En la mano y de la mano de Martín Hernández, los títeres cobran vida en la función, cuentan disparatadas y reflexivas historias para grandes, chicos y todo público.
Mi Tarrito Teatro llegó desde Luis Beltrán, Río Negro, para abrir función semanas atrás, en La Cocina, espacio teatral en Fitz Roy 40. “Hacemos espectáculos para toda la familia, para niños y para adultos”, cuenta Hernández a EcoDias, él es un titiritero con sus muñecos y 10 años de trabajo sobre los escenarios del sur.
Las obras que monta son un desafío para sí mismo y para el público, más allá de la edad. “Los espectáculos para toda la familia circulan muchísimo, en Argentina hay mucha producción de festivales de títeres. Hay un pacto que se genera entre el actor y el público infantil es mágico, a los 30 segundos se olvidaron que estoy abajo, y se logra una gran interacción”, sin embargo, las funciones para los chicos no son exclusivas, los destinatarios son toda la familia, “porque no es un espectáculo infantilizado, no trabajo en esa línea”. Respecto a sus parámetros, Martínez rescata las enseñanzas de Javier Villafañe, “hacemos un espectáculo clásico de este creador argentino, El panadero y El Diablo, tratamos de sentar a los niños en la misma mesa de los grandes, o sea, que el padre, el abuelo que lleva al niño también se divierta”. Parado en esta visión de espectáculo de títeres, el público adulto marca una diferencia. “Hay muchos títeres para adultos, lo que es difícil es que se acerque la gente, hay un prejuicio de que el títere es para los chicos, creo que se debe a que hay muchas funciones de títeres aniñadas, donde se lo trata al niño como si viviese en otro mundo”.
La dinámica de la función es versátil, títeres de hechura propia, textos que devienen de sus experiencias arriba y debajo del escenario, producidos por los intercambios formativos junto a otros titiriteros. “La Única Verdad es la Realidad es un espectáculo de humor, canciones, pantomimas con muñecos”, define, y explica que toca diferentes temas y “cuenta con un presentador, que de alguna manera va dando pie a distintas situaciones. Tocamos tres temas: los amores que siempre terminan mal, la identidad como una búsqueda de quién es y versiones de otros titiriteros de otras partes, gente que fui conociendo, y hago una propia versión. Se cantan canciones en vivo”. El titiritero asegura que sus personajes son muy particulares, “todos lo son”. La mecánica de este espectáculo está centrada en el títere presentador, quien barre el escenario para ofrecer la función y la entrada a otros personajes, “canta una canción que anuncia el tema que va a venir”. La tercera parte está conformada por la pantomima, historias que no tienen texto, solo gestos que despiertan multiplicidad de sentidos en el público. “La idea es meternos con temas que nos permitan reírnos de nosotros mismos”.

Abierto
En el caso de las obras para adultos, Hernández ofrece este tipo de espectáculos en café concert y pubs, “porque es difícil llevar a la sala a los adultos para este tipo de función, piensa que los títeres pertenecen al mundo infantil”. Sin saber que esperar, los adultos una vez instalados se sorprenden, y el humor es lo que se lleva todo el espectáculo. “No es que los niños no puedan ver la obra sino que la temática está dirigida hacia el público adulto”. El espectáculo respeta patrones técnicos que no le generan esfuerzos al espectador, “por eso, el adulto deposita esa fe en lo que se está haciendo, sabe que es un juego de representación y lo que sucede es muy lindo”.
Las posibilidades teatrales que tienen los títeres son diferentes al del actor, “permiten también una especie de libre actuación, pueden hacer algo que un actor no. Tiene que ver con el lenguaje titiritesco, que está muy relacionado con la poesía. El títere puede perder un brazo en escena, es más se lo puede volver a colocar, porque los recursos son muy sencillos”. Cartón, tijera y plasticola, ensayo y técnica, ganas de divertir y divertirse uno, reírse y pensar un poco. Involucrado en la construcción de los personajes, desde el papel y la tela, como los textos y la puesta en escena, también recurre a textos de Carlos Martínez, creador de Zoquete, las canciones son compuestas por él mismo, “es algo bastante característico de los titiriteros arreglarse solo”.
En constante gira, visita frecuentemente Choele Choel, Lamarque y localidades próximas, asimismo se anima a realizar viajes cada vez más lejanos. “Cuando arranqué me interesó una técnica particular que es la del guante, es la más clásica, requiere de mucho entrenamiento”.Respecto a los montajes, asegura que el primero que realizó aún lo perfecciona y lo lleva al escenario, “el público infantil se renueva y lo que pasa es que ese espectáculo se va llenando, voy dándolo detalles, haciendo ajustes para hacerlo accesible y atractivo”. Y si el escenario cambia, cambia el público, “por ejemplo en el sur la gente está muy prendida y atenta al relato, pero no larga mucha carcajada; en el norte haces una cosita y ya está riéndose, el público tiene otra manera de manifestarse. Son distintas maneras de tomar el espectáculo”. Los títeres no descansan hasta que los chicos se enganchan y se divierten y los más grandes se hacen capaces de reírse de sí mismos.

Autor: Redacción EcoDias

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