Soberanía espacial

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El jefe de Proyecto del Arsat-1, Andrés Rodríguez, consideró hoy como “un paso importantísimo” y “un objetivo cumplido” el lanzamiento del satélite geoestacionario Arsat-2, que además de sus ventajas en telecomunicaciones permitirá “cubrir esta segunda posición (orbital), que de otro modo se perdía”.

“Lo de ayer fue muy importante para todos los que hemos trabajado en el proyecto, para todo el equipo de Arsat e Invap en su conjunto, y un paso importantísimo para toda la Argentina por haber cumplido el objetivo que teníamos, que era cubrir esta segunda posición con un satélite, que de otro modo se perdía”, dijo en diálogo con Radio El Mundo.

El ingeniero explicó que, “como su hermano mayor” el Arsat 1, el lanzado ayer desde la Guyana Francesa es un satélite de telecomunicaciones que “puede cursar señales de comunicaciones de todo tipo, tanto de Internet como de datos”, permitiendo, entre otras cosas, “levantar una señal de TV y bajarla en cualquier lugar del área de cobertura”.

Pero “la gran ventaja” de este nuevo satélite es la considerable ampliación del área cubierta por satélites fabricados y operados por Argentina, algo que sólo han conseguido ocho países en todo el mundo.

“Este satélite, además de complementar al Arsat 1 en el área de cobertura en la Argentina y países limítrofes, tiene tres coberturas: América del Norte, Hemisférica (desde el sur de EEUU hasta el sur de la Argentina) y en toda Sudamérica”, dijo.

De este modo, Argentina podrá exportar a nuevos destinos el servicio de operación de sus satélites, haciendo extensiva su oferta a “todos los países de Latinoamérica y el sur de Estados Unidos”.

“Cualquier empresa en cualquier país del área de cobertura podrá contratar los servicios Arsat-2 para poder usarlo”, dijo.

Por otro lado, “la ventaja inmediata” para las telecomunicaciones en Argentina, “como ya se vio con Arsat-1”, es que se podrá llegar con las señales “a lugares donde la fibra óptica o las redes terrestres no llegan”, conectando “lugares que por condiciones de terreno o lejanía no podían llegar” no se podían enlazar.

Rodríguez afirmó además que el proceso de fabricación y puesta en órbita de un satélite “no es sólo juntar partes” que otros elaboran, porque “requiere mucho conocimiento para poder diseñar el producto y decidir qué componentes son los más aptos para que funcione bajo los requerimientos que tiene que funcionar”.

“Estamos hablando de algo que está a 36 mil kilómetros de la tierra, tiene que operar 15 años, que está recibiendo mucho calor y mucho frío todo el tiempo, y que tiene antenas de sólo dos metros que tienen que estar apuntando siempre al mismo lugar”, graficó.

 

Fuente: TÉLAM

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