¿Qué es lo comunitario?

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Tres trabajadoras de Ferrowhite Museo Taller y Museo del Puerto participaron del curso de Museología Social, que planteó un nuevo paradigma para pensar los museos.

A través de una invitación de la Asociación de Trabajadores de Museos (ATM), Julieta Rausch, Analía Bernardi y Julieta Ortiz de Rosas participaron del curso de museología social, esta organización se realizó a través de la red de Encuentro de educadores de Museos de Córdoba y el MINON, Movimiento Internacional por la Nueva Museología Social que pertenece a ICOM, organismo de Organización de Naciones Unidas. Las jornadas se concretaron en la ciudad de Córdoba, entre el 9 al 11 de octubre, tomando como sede el Museo Palacio Evita.

Llegar es partir

“Fuimos con muy pocas herramientas y en realidad muy atraídas por la presencia de Mario De Souza Chagas, quien es una destacada figura en Brasil, y entendido en el tema”, aseguró Bernardi. “Habló de la poética y de la política que rondan los museos, insistía con la frase de que si los museos no sirven para la vida no sirven para nada, incluso habló de los objetos como instrumentos para llegar a las personas, para trabajar con las comunidades, en sí un nuevo paradigma”, entusiasmó.
El curso tuvo dos líneas de reflexión, una que tenía que ver con cuestiones de género y la otra, con situaciones de privación de la libertad, “por eso no solo se habló de museología sino de las prácticas que se acercan a ellos”, agregó Ortiz de Rosas, “partieron de la descolonización de la mirada que tenemos de los museos y de las realidades en las que estamos inmersos, a pesar de que la museología surgió en América a partir del colonialismo”. La cuestión radicaría en que el uso de la palabra “museos” se siga utilizando, sin embargo, plantee otro tipo de institución, para ejemplificar este cambio, se conoció la experiencia de museos de favelas, uno de ellos, el Museo de las Remociones, que es muy reciente y tuvo que ver con el proceso de las Olimpiadas en Brasil, una nueva planificación urbana implicó que un sector de un barrio donde las casas fueron demolidas y la gente expulsada, unas 20 familias resistieron y a partir de esto surgió este proyecto, las remociones y las emociones que conllevan. “Decidieron ponerle ese nombre para darle vuelta la media y el Museo fue hecho con los propios escombros de sus casas, crearon consignas tales como ´acá viví yo´, el museo fue el medio para protestar, hacer un reclamo, después hicieron un festival, y surgieron más acciones sociales, sin pensar que el museo vino para quedarse” describió Ortiz de Rosas.
El concepto museología social no está consolidado, “tampoco en Brasil, ellos son docentes de una materia dentro de la carrera, sí desde las políticas públicas hubo un incentivo, un apoyo a esta perspectiva”, apuntó Bernardi, y Ortiz de Rosas agregó que “me llamó la atención la pertenencia, el amor a esa rama de la museología, un gran defensa de la museología social y el deseo de llevarla lo más que se pueda, un compromiso desde algo muy experimental”.

Puntos de coincidencia
Las trabajadoras participantes encontraron que el curso fue revelador, “sentimos mucha afinidad, celebramos que en un montón de lugares de Argentina, Brasil y Chile, tiene esta mirada y trabaja también con lo comunitario, que a veces lo sentimos más como una intuición, lo compartís con tus compañeros pero no te das cuenta que eso está teorizado, que puede discutirse, que está bueno disputarlo, creo que estamos en ese camino”, dijo Ortiz de Rosas. “Una de las condiciones de participar de este curso era que teníamos que hacer una devolución a las comunidades de los museos, que no quedaran los conocimientos en nosotras. Preparamos una charla con las mamás de los chicos que van al taller Prende, un nuevo grupo de participación de este año. Planteamos que no fue lo mismo llegar al curso con una relación y un hacer juntas, pudimos ir haciendo esas relaciones entre museología social y el trabajo cotidiano”. El taller Prende es llevado adelante por Silvia Gattari y Malena Corte, y es una actividad vinculada a la serigrafía, también a la contención y participación de los vecinos, que comparten el espacio geográfico.
“Los dos museos compartimos un proceso de trabajo que se tradujo, entre otras cosas, en decidir qué objeto fabricar; qué frases, colores, precios iba a tener; qué tareas se delegaban en otras personas; quiénes se encargaban de hacer las compras. Fueron muchas las personas que se vieron implicadas en el armado de los repasadores, por ejemplo, aprovechando que Lorena, la tesorera de la Asociación de amigos del Castillo, viajaba a Buenos Aires, le pedimos que comprara los repasadores allá así nos ahorrábamos unos pesos. Estas frases fueron las que, finalmente, quedaron: ‘sin mí tampoco hay historia’ y, ‘manchado, percudido, en uso: con un trapo también podemos hacer historia’”, informan desde el blog. La segunda producción fueron bolsas, el proceso de trabajo implicó a las Amigas del Prende, una red de mujeres que se fueron conociendo mediante el hacer. En una charla de intercambios, las propias amigas empezaron a desentrañar más sentidos a través de las preguntas: “¿piensan que Ferrowhite está atento a lo que les pasa, sienten, piensan sus vecinxs o no, sólo está preocupado por los objetos? ¿Está Ferrowhite comprometido con las problemáticas o demandas de la comunidad?”. Sobre el final del diálogo, una de las participantes preguntó: “disculpen, yo mucho no entiendo de esto, pero quería preguntarles ¿qué es lo comunitario?”. De esta forma, llegó la pregunta esencial, para interrogar aquello que se había dado por entendido, sin haberlo definido.
El curso propuso instancias teóricas y académicas y también pudieron recorrer experiencias locales. “El Museo Palacio Evita tiene una política comunitaria en Villa Nylon, en un espacio llamado Museo La Casita, y otro que visitamos, en otro barrio trabajan mujeres bordadoras, justo ahora se iba hacer una muestra de estas producciones”. Visitaron un ex centro clandestino, Campo de la Ribera, lugar donde mujeres realizan tareas de reciclado de papel para tapas de libros y telas, organizadas en una cooperativa, “después volvíamos al curso y charlábamos de cómo caímos en los lugares visitados, como paracaidistas, invasivos, si charlamos con la gente o no”.
Las instancias previas al encuentro pusieron en juego discusiones relacionadas con la democratización de las tomas de decisiones, amigas y trabajadoras juntas, “podemos pensar que esos cambios son producto de un proceso de apropiación que la comunidad del Prende viene teniendo con este lugar, que excede al equipo de lxstrabajadorxs del museo y a su vez, es coherente con la intención de trabajar con la comunidad y no, para la comunidad”. Las conclusiones de la participación en el curso no se hicieron esperar, “esto nos sirvió por nuestro trabajo en Bulevardy el Saladero, para tener una conducta con los vecinos, me parece que nos dio herramientas vinculares en cuanto al trabajo territorial”.

 Autor: Redacción EcoDias

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