Pulsiones

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Los cuerpos se involucran en la danza, un ritmo que todas las personas pueden aprender para expresarse.

Cumplidos los 15 años de trabajo, Pulsiones Danza se convirtió en un grupo con una larga trayectoria y un espacio que parte de las posibilidades y limitaciones surgidas de una heterogeneidad. “Expresa la conjunción de los intereses, deseos y necesidades, trabaja centrada en producir cambios y quiebres significativos, tanto en sus intérpretes como quienes lo recepcionan”, describen en su segundo manifiesto.

Citas con la expresión

El grupo participó recientemente de una jornada de Teatro Inclusivo junto al Centro de Día de Tornquist, movilizados por un interés creciente en este lenguaje. “Esteban Parola tiene un grupo que se llama Cero Drama, él trabaja el teatro con personas con y sin discapacidad, eso siempre lo que buscamos, grupos y personas que brinden actividades inclusivas”, apunta Ruth Ortiz de Rosas, coordinadora de la actividad. En esta dirección, Pulsiones presentó su trabajo mediante audiovisuales, elaborado por el área específica de la Universidad Nacional del Sur, en los mismos se pudieron visualizar todas las muestras escénicas, desde 2013 hasta ahora. “Fue un trabajo edición muy importante y cuidado, participamos con ese material y con los manifiestos de la Danza Inclusiva, donde realizamos dos pronunciamientos y estamos escribiendo el tercero, para explicar desde dónde trabajamos”. Después de la proyección, los y las integrantes tomaron la clase de teatro dada por el docente.

Una muestra fotográfica itinerante manifiesta la labor del grupo, producciones logradas por Raúl Lázaro y Leticia Aiello, estuvo guardada por 10 años. “Nos preguntamos qué hacer con las imágenes, más allá de que no están actualizadas expresan claramente cuál es la propuesta artística de Pulsiones. Tomamos la decisión de que recorra muchos espacios, una responsabilidad que tomamos cada una de las integrantes del proyecto, que proponemos el lugar donde llevarla en forma completa en distintos lugares vinculados con el arte, la salud”.

Dos grupos dan forma a la práctica de la danza, uno, que desenvuelve sus tareas los lunes y otro, que trabaja el viernes, con clases abiertas. En el primer caso, se plantea un espacio donde no necesariamente las personas participantes tienen que tener una continuidad, las clases se pueden tomar en forma aislada. El otro taller orienta a la apertura a la comunidad. Hicieron su paso por esta posibilidad estudiantes del Instituto Avanza, acompañantes terapéuticos, INCUDI, proyectos sociales de una escuela, alumnas y alumnos de las carreras de Filosofía y Educación Especial. “Está permeable a cualquier cuestión que se presente, a diferentes formatos, y mayor alcance de lo que estamos haciendo; es una forma más amplia de medir, de componer y de pensar, de salir a la comunidad”. En esta tarea de intercambios de miradas, se presentaron en El Nido Bahía Blanca y se abrieron a niñas y niños en tres clases.

Cambios y permanencias

“Las personas hemos ido cambiando, algunas estamos hace más de 10 años, también cambian las propuestas, siempre tratamos de renovarnos desde la danza con cosas que nos hagan felices, que no nos aburran, nos transformamos desde la mirada de la inclusión, el parámetro principal del proyecto”, apuntó una de las integrantes. Las propuestas de inclusión no son tan diversas ni plurales dentro de la ciudad, espacios donde personas con y sin discapacidad compartan la misma actividad creativa. “Ahora se habla de inclusión desde la diversidad, no hablando únicamente de las personas con discapacidad, se habla desde la diversidad en cualquier espacio, en eso nos sentimos bien, porque lo pensamos y lo podemos llevar a cabo y que hay personas que se prenden en esto, y se sostiene el proyecto”.

En el horizonte de las posibilidades, el grupo encierra en sí mismo la ambición de superar la mirada sobre la discapacidad, “se busca que desde la diversidad que somos todos, desde ese lugar construir, bailar, armar lenguaje y obras, componer; la discapacidad en ese sentido es un aspecto más de las personas que integran este espacio”. Las singularidades humanas aportan al grupo un matiz del que se toma cabal conciencia, las diferentes edades, las distintas habilidades y limitaciones.

El 2018 fue el año aniversario de Pulsiones, se puso en escena el proyecto de los 15 años, un trabajo en red realizado con la participación de la Escuela de Danza, usuarios del área de Salud Mental del Hospital Interzonal Penna, “pudimos crear una composición a través de un proceso a corto plazo e invitamos a una compañía de Buenos Aires, Sin Fronteras, y de esta forma, celebramos nuestro cumpleaños”. Este año, la compañía invitada organiza el Tercer encuentro latinoamericano de Danza e Integración, por supuesto que Pulsiones tiene la intención de ser partícipe de esa jornada, “no es fácil generar este tipo de proyectos, más en estos momentos, y a todas las compañías están trabajando para que esto sea un hecho en el mes de noviembre”.

El deseo

Las producciones son una constante, con mayor o menor exigencia, el grupo va mostrando o trabajando de las puertas para adentro, “hay momento que hemos disfrutado con las muestras y los plazos de presentación y otros, que nos gusta quedarnos en la cocina del encuentro, pensar juntos y esto también es trabajo y memoria que va quedando en el cuerpo, que cuando sea oportuno y sea el deseo del grupo se transformará en obra”.

La Agencia Nacional de Discapacidad realizó, recientemente, un subsidio, invertido en dos sillas de ruedas para que los y las participantes no pongan en riesgo su propia movilidad, además, responden a las características que las hacen aptas para la danza. Otro producto recibido es un cañón, material multimedia que deja a disposición un recurso nuevo. “Estamos en un momento de exploración, después del festejo de aniversario del año pasado”.

La palabra

Con un pie en la danza y el otro en la palabra, Pulsiones transita las diferencias de criterios y la necesidad de conectar con instancias locales distintas, “vamos llevando a Pulsiones en relatos de experiencias o presentaciones, el objetivo siempre es el mismo, solo que tenemos la flexibilidad de cambiar la forma, también llegamos a mayor diversidad y logramos mayor impacto”. Las obras surgen desde disparadores literarios, interrogantes a resolver desde los cuerpos.

El primer manifiesto de Pulsiones se deja en claro que se busca “deconstruir el concepto de belleza ligado a una supuesta normalidad de cuerpos hábiles, agiles y perfectos”. También se busca ligar los discursos de género con los de las minorías, que muestran de la realidad cuya invención en sus reglas pueden ser reescritas. Bajo la base de un trabajo consensuado, se fomenta la simetría de los vínculos, la pluralidad de voces y la autoconciencia corporal, el énfasis está puesto en el respeto, en la decisión de cada persona, y en el trabajo colectivo, no el de las personas aisladas. “No trabajamos para construir cuerpos dominantes donde prima la fuerza y la destreza de unos sobre otros que son asistidos”. En la segunda parte, la declaración se centra en los derechos de las personas con discapacidad, rechaza los estereotipos asociados con la discapacidad en cuanto sean negativos o extraordinarios. Pulsiones Danza Inclusiva tiene como aspiración que pronto su nombre sea solamente Pulsiones Danza, “si lo seguimos haciendo es porque sigue siendo necesario aclarar dado que no estamos en condiciones de que se respete enteramente esa diversidad y ese tratamiento de lo singular”.

Autor: Redacción EcoDias

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