Plaza, paseo y poesía

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Un lugar verde, de esparcimiento, paseo y sombra, aprovechado por el vecindario y los casuales se encuentra en la manzana de Moreno, Tucumán y 9 de Julio. Está marcado por la identidad de dos glorietas de material precedidas por una escalera en ambas calles, una remembranza obligatoria a similares construcciones en el bulevard del Parque Independencia, además cuenta con dos escaleras de acceso por la calle Moreno.
Una referencia histórica desgastada cuenta: “Desde 1864 existió aquí el cementerio civil y en él descansaron hasta fines del siglo XIX los restos del Sargento Mayor Felipe Caronti, Dr. Sixto Laspiur, Mayor Expedicionario José Quintana y de la primera partera del pueblo, Ana María López (1829-1869) cuya tumba fue visitada por el poeta Rubén Darío en 1898”.
De pronto, la plaza deja de ser solo el paseo cotidiano de perros, niños, jóvenes y mayores, el lugar en el cual muchos realizan caminatas diarias o incluso entrenamientos grupales, el piso y el cielo que contiene se convierten en hitos de la historia local. Nombrada por casi todos como la plaza 9 de Julio, en realidad, se llama Carlos Pellegrini, homenaje realizado por Jorge Moore y Valentín Vergara al décimo presidente argentino.
Fue campo santo durante más de 20 años, uno de los cuatro cementerios que tuvo la ciudad, después se convirtió en un depósito municipal, y a pedido de vecinos y por decisión de Vergara se concreta en plaza pública antes de 1910.
Rescatamos la figura de Ana María López, mujer que ayudó a nacer a los bebés en estos territorios, y que al momento de su muerte fue recordada, “por cuarenta años los hijos de este pueblo han sido recibidos en sus brazos”.
La Plaza Pellegrini está arbolada, destacan sus palmeras, algunos ombús que por su edad y la temeridad de sus crecimientos han sido podados y no tienen ramaje. Una gran tipa blanca brinda sombra y frescura, se suman tilos y caminos de flores. No luce canteros, ni ya tiene la fuente original, las veredas que la rodea por sectores es inexistente, hay dos recordatorios que no tienen placas, quedan las marcas de algo que se está olvidando. Sin embargo, su sencillez, el cuidado y el riego constante por parte de los empleados municipales, que se ven trabajando bien temprano a la mañana, hacen de ella una elección para los mates de la tarde, el juego de los pequeños y un opción más para ejercitar el cuerpo.
“Yo soy aquel que ayer no más decía/ el verso azul y la canción profana,/ en cuya noche un ruiseñor había/ que era alondea de luz por la mañana”, los versos del poeta nicaragüense hacen eco si uno se queda al reparo de las verdes plantas un día tranquilo de domingo.

 

 

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