Juana

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Una obra de danza y acrobacia, gira en un escenario distinto, suma de lenguajes artísticos para interrogar acerca de la identidad en tiempos de pantallas.
“Nada hay en estado puro en este mundo”, es la frase que inspira tanto el contenido como la forma de la obra teatral “Juana”, dirigida por Manuel Angelini y protagonizada por Nachi Palma, Melisa Giovana, Celeste Gennuso y Josefina Colli.
La complicidad lograda entre La Suela Producciones y la compañía El Despegue decantó en esta puesta en escena después de una construcción colectiva de dos años. “El proceso de obra arrancó como una creación colectiva, no hay un guión original ni una dramaturgia anterior, sí teníamos la idea de hablar de identidad, el reflejo como metáfora, actuamos por reflejo, físicamente con los reflejos naturales y después ver que hacemos porque sí, sin saber muy bien si respondemos a una norma social o convención, sin pensar. Trabajamos con esas dos cuestiones. En el proceso creativo nos preguntamos cosas sobre el cuerpo propio y el cuerpo social”, explicó el director a EcoDias.
“Una primera tarea fue llevar fotos de la infancia, qué soy yo de ese que veo en la foto, claramente no dudo que esa persona soy yo, sin embargo, algo va quedando y algo va cambiando. Cuál es esa esencia. A partir de allí surgieron ejercicios teatrales, de danza, las actrices propusieron movimientos, esas imágenes fueron imprimiendo una presión, desde allí realicé la selección. Mi rol como director fue llevar adelante esas creaciones surgidas, era consciente de que se impone alguna idea por alguna razón especial, hay que ser sincero con eso. Sí propuse un plan de obra, para que haya una direccionalidad. Hay una cuota de aporte y creatividad que siempre pone el intérprete”.
La obra fue esbozada por Angellini, y comenzó desde la música, “llamé a Javier Puchetti para decirle que tenía una idea, convoqué a las actrices y les propuse un método de trabajo para componer esta obra entre todos”. Hay momentos de danza, hay momentos de acrobacia, hay momentos que pueden ser considerados teatralización. “Danza y acrobacia decidimos ponerlo, fue bastante discutido, porque claramente había que dar una referencia de lo que estábamos haciendo. Sabíamos que no es teatro, sabemos que no es danza netamente o a lo que se le suele llamar. Nos gustaba la idea de circo contemporáneo, pero a la vez teníamos la duda porque la gente no estaba acostumbrada a escucharlo. Preferimos pensarlo y nombrarlo”. Los aportes fueron variados, ya que las actrices llegan desde el teatro, la expresión corporal, danza y acrobacia.
Este fue el primer proyecto encarado por Angellini como director, quien llega del ámbito de la música, “estuvo muy bueno que en este caso no me encargara de hacer la música, porque hubiera sido imposible, el rol de director tiene un montón de aristas, hay que estar atento, hay que estar un poco suelto y no agarrado a una disciplina”. La formación en talleres de dirección teatral, de dramaturgia y de danza sumados a una inquietud e interés por lo escénico posibilitó el empuje. Empezaron a trabajar seis intérpretes, quedaron en el camino Yamila Arzúa y Ana Bonanno, que se apartaron por cuestiones de tiempo y organización laboral.
“Trabajamos todo junto, esto quiere decir, que a los ensayos iba la fotógrafa, ella seleccionaba las imágenes y nos decía miren estos movimientos. De allí también vino la elección. El músico también concurría a los ensayos. No fue una idea de superponer ni de hacerlo en capas, sino lograrlo todo a la vez”. En cuanto a las características de la música, el director aseguró que no entra en un estilo particular, “tiene tintes de música contemporánea, porque no tiene tonalidades específicas, no se entiende una canción. Si una la escuchara suelta transmitiría cosas raras. Hay superposiciones de sonido, que no tienen por qué coincidir armónicamente. Sí los instrumentos fueron clásicos por el piano y la guitarra, también hay sonidos grabados”. En la obra participan tres elementos propios de la acrobacia, como son el arnés, el aro y una rueda cyr, con el aporte de trabajo en piso.
“De uno de los ejercicios planteados respecto a la identidad surgió un texto del programa televisivo llamado Mentira la verdad de Darío Sztajnszrajber; uno de los temas es la identidad, hay un texto que menciona qué tengo yo de tan particular que me relaciona con mi yo de hace 15 años y me hace único, y al mismo tiempo parte de, qué me hace argentino, qué me hace de tal religión; me tengo que amurallar del resto para reconocerme del resto. En ese amurallar puedo decir que soy así porque no soy así, definirse en la negativa. En cuanto a lo social ocurre lo mismo, hablar de la argentinidad cuando somos un país de recientes 200 años, qué somos este territorio, somos la italianidad, somos la inmigración de Latinoamérica, somos muchas religiones a la vez”. Esta búsqueda de reflejar el interrogante sobre la identidad influyó a la hora de decidir el título de la obra, “Juana podría referirse a una persona, a una identidad, pero lo usamos como Juan o Juana, se podría hablar de una individualidad o de alguien que identifica a todos, no tiene apellido”.
El Fondo Municipal de las Artes permitió sobrellevar los gastos de producción. “Cuando vimos que la obra tenía bastante esqueleto y estaba bien encaminada dijimos que lo mejor que podemos hacer es poner una fecha en el calendario, después trabajamos para llegar a esa fecha preparados” reflexionó, asimismo agregó que tanto teatro como danza son representaciones de algo de la vida real, “implica un proceso creativo y me gusta hablar de ese proceso porque no pensamos la obra como el día del estreno, pensábamos en juntarnos a pensar”. Las funciones han estado a sala completa, “es producto de una interdisciplina, y por eso es muy interesante que haya gente que se vaya pensando en esto que propusimos”.
Autor: Redacción EcoDias
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