Escribir para recordar

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La poeta, escritora y docente Liliana Ancalao visitó nuestra ciudad, la voz reconocida de la poesía mapuche contemporánea descubre sus orígenes por estos rumbos.

Es oriunda de Comodoro Rivadavia y pertenece al mapuche- tehuelche Ñamkulawem, desciende de la última tribu de pueblos originarios que  habitó esta zona. Durante su visita, fue protagonista de un encuentro de feminismo literario organizado por la Universidad Nacional del Sur.

“En este tercer viaje fui invitada por la Universidad a leer mis poemas, ya vine preparada y con más tiempo, además la organización me permitió quedarme unos días más”, cuenta a Ecos Puntaltenses. 

El profesor Ariel Ramírez y la profesora Laura Martinelli hicieron una minuciosa recopilación de información y estudio pormenorizado sobre la tribu a lo largo de sus carreras. “No sé muy bien cual sería mi parentesco con Fermín. Mi ascendencia viene de Francisco Ancalao, lonco que murió aproximadamente en 1860. Luego vino Rafael, y fue el quien se tuvo que venir al suroeste de Rio Negro. Vengo de esa familia, habría que luego unir los parentescos”, reflexiona.

Esta visita constituye su tercer viaje a la región, la primera fue en 1987, cuando se encontró con su prima Ana Sol, bahiense radicada en Punta Alta. En un inicio ignoraba por completo un posible parentesco con los Ancalao de acá. Sus familiares, siempre habían manifestado que las raíces del árbol genealógico provenían de Azul. La curiosidad, hizo que durante un segundo arribo a la vecina ciudad, se interiorizase en el tema. 

La política de ocultamiento, impulsada por varios gobiernos hizo que muchas veces no se puedan hallar vestigios de pueblos originarios. El caso de la tribu Ancalao no es ajeno a esto. “El estado argentino nos ha avergonzado de ser quienes éramos. Tenemos que hacer una militancia de la memoria. Hay un olvido interesado, junto con un despojo. Hay una historia que hay que develar por la salud de todos, el ocultamiento significa impunidad”, sostiene Ancalao. 

Indio Fermín

En los albores de la república, los Ancalao al igual que los Linares, fueron quienes poblaron la zona de la Fortaleza Protectora Argentina. Bajo el mote de “indios amigos”, eran los encargados de proteger el fuerte junto con las milicias. Hacia 1800, los Ancalao tenían asentamiento en la actual zona de Arroyo Pareja y Ciudad Atlántida. Allí permanecieron hasta 1912 cuando una orden judicial los expulsó, quedando solamente el Indio Fermín. Su resistencia, se dio a fin de reclamar posesión sobre dichas tierras. 

Los Ancalao nunca les tuvieron confianza a los distintos gobiernos y autoridades que pasaron por Bahía Blanca, sus lazos respondieron a una relación de estratégica supervivencia. A través del pacto gozaron de cierta tranquilidad, y por sobre todas las cosas, salvaguardaron su vida. Para que la denominación de la palabra amigo sirva como tal, se necesita una simetría de afecto y confianza. El hecho de dar y recibir amistad es algo que siempre debe suceder en un plano de igualdad de condiciones. Una construcción que claramente no hubo por ese entonces.

“Sino estoy con vos, matan a mi gente. Fue algo hecho por utilidad, los aborígenes venían bien para proteger el Fuerte Argentino”, apunta, la Constitución Argentina reformada en 1994 reconoció la existencia previa de los pueblos originarios al estado nacional, desde antes de la aparición de los límites de los países.

“En teoría estábamos desde antes que aparecieran los límites, y apareciera la famosa civilización y barbarie, y ese binarismo de Sarmiento”, estas promesas incumplidas del estado argentino en formación se conformaron en una traición de los pactos previos, siendo responsables del despojo de los territorios ocupados por los pueblos originarios. “Esa división es algo que nos sigue haciendo mal a la hora de hablar como pueblos, y en general como comunidad americana”.

Una muestra

Compartimos el poema “Oración para esperar el colectivo” de Liliana Ancalao, una celebración de la cotidianeidad, una voz que se alza por encima de los problemas y una plegaria que podríamos repetir frente a los días fríos de invierno que recién comienzan en la región.

Señor de los desamparados

que esperan el colectivo

no permitas que se apague esta llamita

defendida a puro sol sobre la escarcha

que el colectivo venga pronto

pues la espera

amontona cenizas en la frente

y tengo que apalearlas y hacer señas

y asomar los ojos a la ruta

aunque las venas duden tironeando.

Señor de los desamparados

que no pase de largo

como si yo fuera capaz de andar descalza

como si yo no fuera propensa a la ternura

como si fuera una chapa

un poste nadie nada.

Y que no venga lleno señor

porque se salen con la suya

entonces patas y empujones 

en un boleto me suicidan la sonrisa

y me resigno animal al matadero.

Que no demore señor hoy hace frío

y no llegan los sueños hasta el alma

en el filo de este riesgo no me culpes

si abandono un segundo la trinchera

y alcanzo a maldecir la madrugada.

Fuente: Ecos Puntaltenses, editado por la cooperativa de trabajo Ecomedios Ltda

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