El trabajo autogestionado frente al modelo de la corrida permanente

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“La economía macrista se desploma, y lo hace sobre las espaldas de la clase trabajadora”, plantea el cientista social Andrés Ruggeri, integrante de la Cooperativa de Trabajo Callao Ltda. A continuación compartimos su reflexión.
Cooperativas y empresas recuperadas sufren como nadie la debacle: mientras muchos empresarios abandonan la producción y se pasan a la importación o se refugian en el negocio financiero, quienes conforman cooperativas de trabajo deben asumir todos los costos y tratar de afrontar la situación. Una “tormenta” que Macri y su gabinete observan por satélite y que nos pone las cosas aún más difíciles de lo que suelen ser.
La corrida cambiaria que a estas horas el gobierno no consigue frenar y para la cual la única salida que proponen es volver a acudir al rescate del FMI paraliza la actividad económica productiva, que ya de por sí venía cayendo en la recesión en los últimos meses.
El gobierno no atina a controlar el tipo de cambio, entre otras cosas, porque ha renunciado a todos los elementos que conforman una política económica soberana, dependiendo del financiamiento externo para cubrir el pago del festival financiero y al ajuste para reducir el “gasto público”. Al eliminar los controles cambiarios (el “cepo”) habilitaron la compra de divisas sin límite y la fuga de capitales; al suprimir las retenciones desfinanciaron al Estado y dolarizaron los precios internos; al dolarizar los costos de la energía para el mercado interno echaron una lápida sobre la producción con los costos de los servicios energéticos.
También, al eliminar la obligación de que los exportadores liquiden los dólares en el país habilitaron la fuga de capitales no solo especulativos sino los que reditúa la propia producción agropecuaria del país, volviendo al modelo de acumulación de principios del siglo XX. Todo forma parte de un proyecto que ya no es simplemente un programa típico neoliberal, sino un brutal proyecto de saqueo de la economía nacional que avanza en una recolonización a manos de lo que podríamos llamar una “oligarquía internacionalizada”.
Para las empresas recuperadas por los trabajadores y las cooperativas de trabajo en general, las consecuencias de la incertidumbre cambiaria aumentan los costos de los insumos dolarizados, sumando esto a las tarifas impagables, las importaciones desatadas y la caída del consumo que arrastra a la producción.
Cuando la timba financiera se acelera y se desboca, la actividad productiva se paraliza, se reduce al mínimo, y para nuestro sector eso significa que se cae el trabajo y no entra dinero a la cooperativa, o así como entra sale. Los proveedores no venden los insumos porque no saben a cuanto venderlo, o pretenden precios abusivos e impagables. La cadena de producción se cae y eso repercute directamente en el bolsillo de los trabajadores. El efecto es de parálisis, plantas silenciosas, empresas sin movimiento, reaparecen las escenas que remiten a los tiempos de la crisis de 2001. Reaparece el miedo a la pérdida del trabajo, porque la cooperativa se ve arrastrada al abismo al que cae el país.
Es un momento difícil, pero hay que tener en cuenta que si se logró construir la cooperativa desde una empresa vaciada y fundida, también se puede sobrevivir a esto, aunque a priori parezca más difícil porque no hay perspectivas de que el gobierno cambie el rumbo.
Quizá surja entre los trabajadores la duda, la idea de que la situación se debe a que la autogestión no es un buen modelo, que si lo es no lo supieron llevar adelante, que sería mejor que vuelva un patrón. Son los patrones los que se estaban fundiendo, los que, en general (hay empresarios pymes que son conscientes que los está hundiendo), apoyaron y apoyan este modelo.
La diferencia es que cuando la empresa patronal está en dificultades, la primera solución es el despido. Los trabajadores, en cambio, no se pueden echar a sí mismos.
Hay que resistir creativamente, buscando asociarse, unirse también en lo económico donde sea posible, aunque es probable que en corridas cambiarias combinadas con recesión nada de eso sirva.
Hay que unirse porque es la única manera de enfrentar un modelo de destrucción productiva como este, y hay que persistir hasta que el conjunto del pueblo logre derrotarlo.
Para eso el trabajo autogestionado puede aportar una amplia y rica experiencia.

Fuente: Prensa Fedecaba.

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