Dos de Gambaro

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“Son dos mujeres, dos directores, dos propuestas pero al final se juntan las dos actrices en un lugar, hay una tercera dramaturgia que creamos” describe Sebastián Berenguer, uno de los directores de El Nombre y El Viaje a Bahía Blanca.

Bajo la original propuesta de unir dos obras teatrales de la dramaturga Griselda Gambaro, se presentaron el 30 de septiembre, El Nombre y El Viaje a Bahía Blanca, escritas en 1974, la dirección del proyecto está a cargo de Cristian Thorsen y Sebastián Berenguer.

“Los colores de las dos obras y de las mujeres son muy diferentes, más allá de la clase social, el tipo de vida que lleve una mujer, las dos van a encontrarse. Es una obra hermosísima, el nombre en particular tiene un contenido dramático fuertísimo”, introduce Silvana Seewald, protagonista de El Viaje a Bahía Blanca. “Se presenta a una actriz que va a realizar su obra que hace siempre, de repente hay una aparición inesperada que la va a modificar, la va a trastocar y va a terminar modificando su espectáculo, contando un cuento de Boris Bian. Gambaro lo toma para su obra y en ese cuento va a relatar una historia de tortura y opresión, entonces ella aparece al principio divina y termina contando esto tan terrible. La obra casualmente lleva el nombre de El Viaje a Bahía Blanca, lo cual en Buenos Aires suena de un modo, pero en Bahía Blanca va a sonar de otro”, completó.

Berenguer asegura que “son dos unipersonales, son dos obras que Griselda Gambaro las escribe para una actriz, y nosotros lo que hicimos desde la dirección fue darle una unidad al final. Por eso, se llama Dos de Gambaro, son dos mujeres, dos directores, dos propuestas pero al final se juntan las dos actrices en un lugar, hay una tercera dramaturgia que creamos”. Frente a la idea de realizar esta puesta, Berenguer habló con la autora, “empezamos a charlar y le conté las ganas que tenía de hacer estos dos monólogos, y le pregunté por qué le había puesto El Viaje a Bahía Blanca, ella me contó que el cuento de Boris Vian se llama El viaje a Jonostrov y Cipe Lincovsky en los años ´70 le pidió que le escriba un monólogo sobre un tema candente, fuerte pero que tenga humor, entonces le propuso hacer una obra con este relato, que era un viaje largo donde iban unas personas y le preguntaban a otra si viajaba hasta Jonostrov , y esa persona no les contestó, por eso lo empiezan a torturar. Gambaro comentó que el viaje desde Buenos Aires a Bahía Blanca es muy largo, de muchas horas, por eso seleccionó este título”. Berenger agrega que Bahía Blanca fue uno de los lugares donde más se torturó gente durante la última dictadura, pero “esto es antes, la obra se escribió en 1974, me recordó Gambaro, entonces creo que fue un poco premonitorio”.

El director le contó a la autora que agregaron un final unificador y Gambaro contestó que “no le gustó, me dijo que no le gusta que cambien las obras, que las junten, que hagan cosas raras”, sin embargo, Berenguer y Thorsen justificaron los cambios porque las obras duran media hora cada una, “son antagónicas, y tienen el toque gambaresco, y le quiero poner este nombre atractivo Dos de Gambaro, porque están unidos por tu dramaturgia, ahí se quedó en silencio y después firmó la autorización”.

Las obras fueron estrenadas en el mes de mayo en Patio de Actores, “hace un mes empezamos hacer la gira por las escuelas, la obra es ideal para cuarto y quinto año, ya que Gambaro es parte del programa de lecturas de estos años, fueron docentes primero a vernos, les interesó llevarlos a los secundarios”, reflexionó Seewald. “Los adolescentes son maravillosos, la han recibido muy bien, trabajamos un desmontaje donde el público puede debatir y preguntarnos sobre el pasaje del texto a la puesta, la verdad que es una obra que nos ha dado felicidad y trabajo”. La gira se abrió casi inmediatamente, con un circuito que comenzó en la ciudad de Coronel Dorrego, llegarán a Bahía Blanca a fin de mes y están en charla para viajar a San Juan, Chascomús, Bolívar, “comienza esta nueva etapa, y viendo si el año que viene reponemos en algún teatro de Capital”.

El Nombre cuenta con la actuación de Lucía Castro, “habla de la despersonalización de la chica que limpia, que no tiene nombre” suma Seewald, “está vigente como tema porque siempre estuvo presente la sumisión y la despersonalización, tanto en este país como en el mundo”. La obra recorre la historia de una muchacha a la que le han arrebatado su nombre, “es una mujer que cuida personas, limpia casas, es solitaria, se encuentra en una plaza y empieza a relatar su historia de vida en esas casas, ella aparentemente se llama María, y cuando llega a esos lugares de trabajo no la quieren llamar por ese nombre porque así se llama la persona que corta el pasto u otra empleada y entonces le cambian el nombre. Esta despersonalización de la identidad abre un juego y termina enloqueciéndola, lo que muestra Gambaro en estos personajes solitarios que hablan, sufren y a la vez te conmueven muchísimo”.

El trabajo actoral y las exigencias para las dos actrices son diferentes, “Silvana Seewald debe moverse, tiene una coreografía de Elena Fuster, y Lucía Castro trabajamos de forma muy minimalista, no dejamos que se mueva, recién ahora hemos cambiado la estructura y la dejamos que se pare un poco, trabajamos lo mínimo. Fue un trabajo de casi tres meses de ensayo, de lunes a viernes”. La actriz afirma que el texto de Griselda Gambaro está escrito de tal forma que “no es tan difícil imaginarse en el rol, una vez que uno leyó aparece el trabajo de observación y de búsqueda”. El personaje es descrito como “una diva, Gambaro plantea personajes que no son buenos o malos, sino que son muy golpeados en los cuales una no puede pensar, uno tiene que ir descubriendo todas las capas, para que se vea algo vivo, para que se vea una persona, no un personaje. Ella empieza a relatar este hecho terrible, los espectadores no van a descubrir si ella está de acuerdo con esta gente de torturar al diferente, son personajes que no son binarios, son seres humanos, eso hace que sea difícil representarlos”.

Autor: Redacción EcoDias

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