¡Delantales en red!

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En conmemoración al Día Internacional de la Mujer, cocineras, amigas, colaboradoras, trabajadoras destacaron el trabajo en red entre mujeres.

Un día antes del 8 de marzo, el Museo del Puerto invitó a vecinas de Ingeniero White para pensar, discutir y destacar las experiencias y trabajos realizados en redes de colaboración por mujeres de la localidad.
Una veintena de mujeres se hicieron presente, entre repasadores y manteles, para reversionar la historia de la localidad. Las primeras en decir presente fueron las Amigas, que conforman la asociación, grandes colaboradoras e impulsoras de muchas actividades. También fueron mujeres representantes de la Biblioteca Mariano Moreno, la Escuela N° 15, Ferrowhite Museo Taller, cocineras whitenses y barrios cercanos.
“Continuamos con el Delantalazo del año pasado, momento en el que hablamos sobre los muchos trabajos resultan invisibles, y son hechos, justamente, por mujeres, y que visibilizamos porque la mayoría estaban vinculados a las actividades portuarias, concretamente con este territorio que habitamos, vivimos, que es el Puerto de Ingeniero White”, apuntó Julieta Rausch, trabajadora del Museo. Ante la propuesta del 2018, se espera lograr un próximo delantalazo en 2020, “queremos que cada vez se sumen más delantales y se van a exhibir en la muestra de la Universidad Nacional del Sur”, agregó Lucía Bianco, actual directora.
Los lazos de solidaridad y de colaboración entre mujeres fue la temática central propuesta en el encuentro, “en qué momento de nuestra vida necesitamos la ayuda, la mano, desde lo emocional, la contención o lo económico, de esa colaboración entre mujeres, desde las historias personales a redes de trabajo colectivo que impactaron en el pasado y en el presente de Ingeniero White”.

Trabajos


Los años de trabajo en la fábrica de bolsas de Ida Mohamed de Tumini, durante el ´50 y el ´60, tarea ardua reconocida por una remuneración, implica la fabricación manual y el traslado a hombro. En aquel momento, cada empleada debía construir 3200 bolsas, “a veces lograba la producción y otras no, por lo tanto, se debía quedar hasta completarla fuera de horario y sin paga; entonces las compañeras que iban terminando la tarea preguntaban quiénes no llegaban, y se ponían a colaborar para que todas puedan salir a horario y cumplir con el pedido”.
En la pesca artesanal, también surgen historias de mujeres, dedicadas a contenerse y acompañarse cuando sus maridos pescadores enfrentaban jornadas de tormenta en su trabajo. “Se juntaban, organizaban una comida entre todas para unirse, para darse fuerza emocionalmente, ayudándose en el corazón. Asimismo esto de alguna forma las implicaba en otros tipos de ayuda, como en el cuidado de los hijos, pasándose ropa, en vínculos solidarios muy fuertes”.
Coca Cendali, una de las fundadoras de la Asociación de Amigas del Museo del Puerto contó sobre su experiencia de trabajo comunitario desde el Club de Leones, “nos invitaron desde la municipalidad para evaluar la creación de un museo, y en ese momento no se pensó en un museo de arte sino en la vida cotidiana, acá hay muchas raíces de los inmigrantes, españoles, italianos, griegos, cada uno aportó algo, y empezamos a aportar lo que había traído esos inmigrantes, a cada cosa que encontrábamos le dábamos el valor por los años que tenía, así fue como se quedaron en este lugar”. El inicio de la Cocina como espacio para compartir con el público comenzó por una situación adversa, “se había puesto una cocina económica, cuando llegábamos estaba todo tan frío, siempre estaba la pava disponible para hacerse un café o un tecito. La gente que venía el domingo llegaba después de comer, se quedaban un buen rato, una compañera se le ocurrió convidarles un café del que estábamos tomando nosotras, y así fue”. Cendali sumó que si ella hoy cierra los ojos y recuerda cómo era antes el Museo y los abre y ve cómo está ahora “para las que fuimos fundadoras es una alegría inmensa”.

Ayudarse como consigna

Otra de las historias de trabajo en red estuvo ligada a la construcción del primer jardín de infantes de Ingeniero White. Un sector del Club Huracán fue adaptado para convertirlo en salitas, “el único que había, y la gente de White se lo que quería llevar del Boulevard, porque claro era más gente, imaginen que todo era tierra, no había puente peatonal, tuvieron una gran lucha, recuerdo a mi mamá en esa lucha, mi hermano y mi hermana iban a ese jardín”, relata Estela, una de las vecinas. Las madres estaban involucradas en la discusión en el Consejo Escolar, realizaban el mantenimiento de las instalaciones y creaban mejoras para que sus hijas e hijos asistieran. Más historias escolares fueron recreadas, “recuerdo con mucho cariño a la Escuela N° 15, ahí fueron mis hijos, la ayuda era distinta, teníamos una cooperadora que trabajó para la creación de dos aulas en la planta alta, no necesitamos condecoraciones ni agradecimientos”.
El debate se centró en las generaciones pasadas y presentes de mujeres, los compromisos y roles asumidos, como así también la mirada sobre estos trabajos y colaboraciones. “Los tiempos han cambiado mucho”, remarcó una de las Amigas de la Asociación. Y en este sentido, muchas mujeres han desplazado su actividad laboral fuera del recinto de los hogares, profesionales y trabajadoras en el ámbito de la cultura, el periodismo, la docencia, la salud. “Quizás desde el Museo debamos convocar a la red de jóvenes, es muy buena la propuesta de acercar a otras generaciones”, tomó posición Bianco.
Las luchas se van transformando, todavía queda mucho por hacer, la discusión sigue abierta y la historia se escribe desde cada vecina, amiga, cocinera, trabajadora, mujer.
Desde Ferrowhite Museo Taller, Julieta Ortiz de Rosas, Malena Corte y Katty Apponte llevaron la tarea realizada desde el Taller Prende y la cotidianeidad de la institución municipal. “Me parece importante pensar cómo estamos viviendo este Día de la Mujer 2019, que desde hace tres años pasó a ser Huelga Internacional de Mujeres, donde se juega con la expresión Paro de Mujeres con la idea de decir que se pare con los femicidios, con la violencia, como una herramienta de las trabajadoras, las que realizan tareas en la casa y las que hacemos fuera de nuestras casas”, aportó Ortiz de Rosas, quien destacó el trabajo en red con las madres que llevan a chicas y chicos a participar del taller los días sábados. “Cuando hay que hacer alguna actividad para la compra de materiales surge un Estamos fritos, empanadas solidarias a la venta para lograr colaboraciones”.
Asimismo, recordó que en el mes de diciembre del año pasado, Andrea Celaya, una de las mamás del taller, perdió su vivienda y pertenencias en un incendio, “nos juntamos a pensar cómo la ayudamos, teníamos un fondo de dinero, que a medida que pasaba el tiempo y con la inflación iba perdiendo valor, decidimos entregárselo, era un símbolo porque perdió una casa y un par de pesos no es nada, la cuestión es que no hubo debate sino que en este tema hubo una solidaridad muy fuerte, entre mujeres de 30 años. Creo que esto es para leer que mujeres de otras generaciones también vienen con otras ideas porque la cultura va cambiando todo el tiempo”.

Autor: Redacción EcoDias

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