¡Delantalazo!

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Con el objetivo de visibilizar a cocineras, amigas y vecinas que dedicaron su vida a criar a sus hijos y organizar sus hogares, el Museo del Puerto las homenajeó con una exposición de delantales.
 Una extensa mesa de manteles de colores, y al pedido de los delantales, un gran agite en el aire, las asistentes al encuentro organizado por el Museo del Puerto en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora revivieron experiencias de comidas y charlas de trabajo propio y de sus parejas e hijos. También revivieron viejas amistades y se renovaron abrazos, en algunos casos después de más de 30 años.
“Nos pareció muy importante compartir este día con ustedes, y ustedes en representación de todas las mujeres de White, de todas las mujeres del mundo”, introdujo Lucía Bianco, empleada encargada de la Cocina de la entidad municipal. De esta forma, se dio comienzo a una charla entre las invitadas, el homenaje con cafés y delicias fue una excusa para crear un clima de reflexión, “que nos sirva a todas”.
¿Trajeron el delantar?
“Siiii”, respondieron las casi 40 mujeres convocadas, entre risas y gritos los delantales se confundieron con los repasadores, tendales afines a las cocinas que producen historia e historias de vida. “No lo tienen que donar necesariamente”, agregó Bianco. “Queremos conversar desde los delantales puestos, acerca de estos trabajos domésticos o de la casa, que justamente, no son remunerados”. Esta actividad cotidiana y naturalizada, realizada por mujeres, muchas veces surge de las entrevistas que el Museo del Puerto realiza a trabajadores, casi siempre se escucha: “mi mamá no trabajaba”.
¿Será así, que pasaría si las mujeres no cocinaran? “No solo que trabajamos sino que nos deslomamos”, aportó una vecina, “esa frase es del maldito patriarcado”, dijo otra. Entonces, qué sería de la historia de White si no hubiesen existido estas mujeres en sus casas, en este punto muchas aseguraron que lo hicieron fuera de sus casas en negocios, en emprendimientos. “Hablamos de este trabajo por el cual no se recibe ningún sueldo”, planchar, amamantar, cocinar, limpiar, lavar fueron y son parte de todas estas tareas que no reciben un pago a principios de mes, “tampoco cuidar a los nietos”, sumó una voz.
“La tarea de la mujer abarca el mundo, la madre que engendra a un hijo, de que lo cría, él se hace grande y sale a trabajar, se inserta en la sociedad, y en los ámbitos portuarios”, opinó una amiga. “Todo el logro que puede hacer un hombre desde que nace hasta que se manifiesta en su profesión es porque tiene al lado o detrás una mujer, tiene primero la madre, la esposa o la compañera, la amiga, todo lo que logra no lo hace solo sino porque tiene una mujer que acompaña su proyecto y su lucha”, aportaron, y se escucharon aplausos, como festejo de unas palabras que muchas compartían desde el pensamiento. “Había otras tareas que ahora no se hacen, por ejemplo, las abuelas remendaban las medias” dijo la Negrita, una amiga de la Asociación.
¿Cuántas horas trabaja una mujer? “Todo el día”, respondió el público en el júbilo de tazas de café. “En este día y en cada día, mujeres defendamos nuestros derechos”, se escuchó. Afuera, muchos delantales se agitaban, como los ánimos adentro, una vecina agregó, “hoy es el Paro internacional de mujeres, creo que deberíamos adherir todas”, y a mano alzada hubo unanimidad. Estas vecinas, algunas adultas mayores, otras jóvenes, viven en el marco de un mundo que reconocen que ha cambiado, por lo tanto, dan discusión con lo que viven y también con el contexto actual de derechos, una lucha que se ha visibilizado con las movilizaciones en las calles. “Ni una menos, que sea Ni una menos, eso queremos”. La discusión siguió en torno a la igualdad, a las oportunidades y al rol de las mujeres en la actualidad. “Yo sola protestando en mi casa, no me sirve, las mujeres convocaron a la marcha más grande, ningún hombre, ningún gremio, ningún político lo logró como lo hicimos las mujeres ganando las calles, si las mujeres si nos quedamos adentro la protesta porque la plata no te alcanza, porque el vecino le pegó a la mujer, la lucha hay que darla en la calle, para eso estamos. Decir que la petroquímica nos mata, nos contamina, sino no nos organizamos y salimos a hacernos escuchar, que nos vean, porque a los que nos gobiernan y nos gobernaron les molesta la gente en la calle”.
Mil voces
La Cocina es el ámbito central del Museo del Puerto, alrededor de ella, se montan las salas de muestras, el patio, los ámbitos de las oficinas para empleados y empleadas. Las visitas del público en general y de los escolares, durante todo el año, dejan la marca de un pasado reciente que revive, un ferrocarril que sigue andando, de un puerto de containers y de pescadores, porque la memoria está activa y la forma de contar la historia se discute, se problematiza y se vuelve a contar.
Llegó el momento de que los delantales hablen. “Este delantal comienza su historia hace 15 años atrás, cuando pusimos las cantinitas, lo sigo conservando y ahora lo saqué porque me va a servir y lo voy a volver a usar para un microemprendimiento que empecé”, refiere Mary, mientras acaricia su delantal marrón, “fue partícipe de momentos alegres, tristes, cómicos”, y Graciela agregó desde la otra punta, “nunca de momentos con plata”, y todas rieron a carcajadas. Un delantal rojo, con frunces y detalles de flores, cuenta la primera vez que su dueña visitó el Museo del Puerto, “hoy hace 20 años atrás, en mayo, desde ese momento y hasta hoy vengo, y este delantal me lo hizo la hermana de mi yerno”, dijo una de las amigas de la Asociación, que colabora con la entidad. Algunos lucen agujeros, otros manchas, otros están relucientes, recién comprados, “¡cómo no íbamos a traer uno!”.
Las trabajadoras de Ferrowhite Museo Taller estuvieron presentes y aportaron la historia de los delantales que se producen en el taller Prende. “En un principio, queríamos hacerlos en bordó, teníamos ganas de tener una herramienta de trabajo para nosotras como mujeres, y previo a la costura de ese delantal, entre amigas y mamás charlamos acerca de los trabajos dentro y fuera de la casa”, reflexionó Julieta Ortiz de Rosas, quien junto a otras mujeres desglosaron la actividad femenina, y realizaron la impresión sobre el plano de la entidad vecina. “En el proceso nos dimos cuenta que las mamás de la Asociación de amigas no tenían delantal, así que decidimos hacer uno con la imagen tradicional del Castillo, y todas tenemos delantales bordó y azules”. La actividad cerró cuando las asistentes con broches en mano y boca expusieron en los pasillos externos del Museo todos los delantales.
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