De kamishibai en kamishibai

0
Regresan las narraciones de papel a la Biblioteca Rivadavia, dibujos que cuentan, prácticas que llegaron desde Japón y se quedaron en la ciudad.

Cada primer sábado del mes hay kamishibai en la sede de Avenida Colón 31, la sala infantil está abierta para niñas, niños, padres y abuelos. “Hace cuatro años que estamos narrando en la Biblioteca, cada sábado es distinto y cada año es distinto”, reflexiona Claudia Lima, la narradora e ilustradora.

Temático
Puesta la meta en entretener y dejar una enseñanza, Lima va construyendo relatos a través de princesas extrañas o temas vinculados a la soledad, la muerte, el bullying, “presentamos siempre algo distinto y vamos actualizando los relatos a través de los ritos de sombras, el rotafolio”, una caja de ruidos la acompaña a donde va a contar, “eso ayuda a contar y le metimos un poquito de sonido a todo, no solamente con la voz y el dibujo”. Lima se ríe y secretea, “a veces en la sala hay más grandes que chicos, y digo entonces, que voy a los niños interiores, porque los grandes también queremos soñar”.
Unos filetes porteños adornan sus cajas, “me gusta generar intrigas, porque el teatro del Kamishibai llama la atención y es bueno seguir generando impresiones y fantasías”. Según la narradora, el Teatro de sombras es un excelente aporte que ella va combinando con poesías, un género difícil de interpretar para los chicos. En este preciso momento de la charla con EcoDias, Lima había encontrado un nuevo recurso, el Lambe Lambe, teatro de animación que lleva muñecos pequeños y música en una caja, “estoy estudiando el tema y buscando cómo hacerlo, cómo sumarlo”, dijo muy seria y comprometida.
El eje de sus relatos es el kamishibai, esto es porque un día lo descubrió y se enamoró de la técnica. “Un día me apareció por Facebook una invitación desde la Biblioteca Rivadavia, presentaban el kamishibai desde una escuela de Villa Mitre, empecé a googlear de qué se trataba y me cayó toda la información porque la palabra me hacía mucho ruido”. Lima dibuja desde siempre, “desde que tengo uso de razón”, y la técnica llegó para que su exposición sea un poco menor, “y me daba la posibilidad de mostrar y de esconderme un poco”, divirtió.
Las historias son elegidas por la propia ilustradora, bajo el criterio de que a ella le hacen bien, “busco esos cuentos de chicas tímidas, de que alguien sueña, de que alguien se acepta como es o que ayuda a otra, y en eso la emoción queda a flor de piel”. Su actividad se centra en la Biblioteca, aunque Lima anda con su teatro de papel por todos lados, festivales de literatura, actividades de sociedades de fomento o en la Casa de la Cultura, “el año pasado cerré las actividades en el Centro de Estimulación Temprana, y cuando vi las batallas de esos padres y esos niños se hizo difícil contar el primer cuento, después aflojamos y aprovechamos las historias para sumar la de estos chicos”. El rotafolio es un narrador y también funciona para sacar etiquetas y trabajar con los prejuicios, “los chicos tienen una gran apertura, entienden más los relatos, los grandes suelen poner más barreras, de eso te das cuenta en la participación que tienen al momento del relato, a diferencia de otra técnica, con el kamishibai en cualquier momento interviene alguien, y ahí en ese bocado es donde aprovechamos para darle una vuelta, los chicos en el medio te preguntan o te cuentan sus historias aparte de lo que vos contás”.

Desde muy lejos
“A través de un teatro de papel, de madera que se llama butai, se cuenta la historia que está dibujada y corre a través del papel” recalca Lima, remontándose a los tiempos que en Japón muchas personas en bicicleta se ganaban la jornada realizando narraciones públicas de kamishibai. Estas narraciones recuperan la tradición oral, brindan la posibilidad de contar cuentos a otras personas sin tener en cuenta su edad ni ocasión en la que se narran. “Los japoneses llaman yukan a la comunicación de la palabra a través de la imagen, y cuando vos ves en la narración que esto se logra se siente que todos los presentes están conectados, es muy mágico”. El relato colectivo sumado a la emoción y el entusiasmo del narrador son ingredientes necesarios, también está la historia que se cuenta, el personaje y cómo lo vive el público. “Si vas tomando lo que sucede en el gran y pequeño espectáculo en lo que se convierte podés sentir esa magia, y que sucedan cosas que no pasaban, madres que me han dicho que sus hijos son tímidos y se animaron a hablar, y eso es loco, lo atrapó tanto la historia que la tomó como propia”. Lima, juguetona y traviesa narradora, también toma las historias ajenas como propias, y ese es el momento de dibujar.
La ilustración para ella es “como un plato de comida, me tiene que llamar ese papel, y cuando llega me convierto en una estudiosa del color, de las secuencias de la historia para armar el hilo del relato”. La creación de la imagen crea un momento distinto, previo y de investigación, “para lograrlo hay que leer y prepararse mucho, busco y busco, pongo un ojo crítico sobre lo que quiero, si la historia tiene sustento o no, y hay una exigencia mayor”. Una vez resuelta la técnica, llega la imagen, “en cuestión de semanas lo termino si me entusiasma la historia, y ahí es donde me los apropio, los dibujo, los leo, los re leo, me meto en ese pequeño personaje o en ese paisaje, ya se hacen parte mía”.

BIBLIO ABIERTA
Los sábados son una fiesta para los más pequeños, la sala Infantil está disponible el primer sábado para los relatos en “Kamishibai, papel que narra, el segundo sábado está dedicado a “Filosofía con niñ@s”, bajo la dirección filosófica de María José Montenegro. El tercer sábado, Maryta Berenguer y sus narradores hacen de las suyas en “¡A parar la oreja!”, finalmente, el último es para “Sacapalabra”, con Marisa Núñez y Marta Poggiese. Todas las actividades empiezan a las 10.30 horas, con entrada libre y gratuita.

 Autor: Redacción EcoDias

Compartilo!

Deje su comentario

A %d blogueros les gusta esto: