Con el cuento al hombro

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Contar cuentos en algún momento de la historia y en lugares remotos era una forma de ganarse la vida. Desde los inicios de la historia de la humanidad los relatos, las anécdotas y las lecciones han surgido a la orilla de un fuego que devoraba la oscuridad, los peligros de una vida a la intemperie, la soledad en la conciencia estar vivos. El Recomendado de la semana tiene su historia propia.
 En Japón las narraciones orales tomaban forma de papel, dibujo que narra, orientado a enseñar a personas analfabetas, puesto que en aquellos tiempos no se había extendido la escritura en todos los sectores sociales. Los dibujos se colocaban en un retablo de madera, y se pasaba una y otra imagen que ilustraban la palabra, y oficiaban de garantes de la memoria.
Esta forma narrativa se denominó Kamishibai, su utilización se extendió fuera del ámbito de los claustros durante 1920, época de una gran depresión económica mundial. Las personas desempleadas recorrían diferentes comunidades transportándose en bicicletas, llevaban sus kamishibais y contaban cuentos a cambio de unas monedas que les permitían sobrevivir.
En nuestra ciudad, sin bicicleta pero sí con los retablos al hombro, Claudia Lima recorre escuelas, bibliotecas, instituciones y organizaciones barriales relatando cuentos, muchos para entretener y todos para enseñar. Con algunos rumbos fijos, como la Biblioteca Rivadavia, despliega sus ilustraciones, de autoría propia y ajena; hace la magia de la compañía a través de personajes y acciones que despiertan sonrisas y hasta lágrimas entre los asistentes a los encuentros.
Las láminas tienen su propósito, sin dudas, las palabras que acompañan definen el camino, los niños y las niñas que asisten a estos encuentros salen imaginando, soñando y los adultos reviven su niño interior. Este año, el cierre en la biblioteca céntrica dejó la emoción de encontrarse, en tiempos de redes sociales y con más ausencias que presencias, el Kamishibai trajo la bienaventuranza de los rostros y el espacio compartido.
“Es increíble lo que pasa, el silencio y los aportes de los chicos, cada encuentro me emociona, y soy feliz” dijo a El Diario de Bahía.
Lima dejó su paso y su huella en la Feria de Sierra de la Ventana, en la Feria taller Al aire Libros, que se hizo en la Escuela Primaria N° 5 y promete más narraciones para el año que viene. Si la ves, seguíla, porque lo que cuenta es para atesorar.
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