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La obra y la torturada existencia de Van Gogh siguen dando material para el cine.

A Vincent Van Gogh (1853-1890) le han dedicado una larga filmografía, justificada por su talento y por encarnar la tragedia del artista incomprendido por su  época.

La mayoría son documentales y ficciones a las que en 2017 se agregó la animación Loving Vincent, coproducida por Polonia, Reino Unido, Estados Unidos, Suiza y Holanda; dirigida por Dorota Kobiela y Hugh Welchman y pintada al óleo en toda su extensión.

Más de cien artistas trabajaron para pintar las 1009 tomas compuestas de 62 450 planos, en una laboriosa variación de la técnica rotoscópica, que consiste en dibujar sobre cada fotograma vacío o previamente filmado y en este caso imita los trazos del pintor holandés.

La trama se aleja de las biopics al uso, porque ficcionaliza los últimos días del protagonista basándose en las cartas que escribía a su hermano Theo – el título recupera la frase “Tu querido Vincent” con que firmaba –; incorpora muchos de los personajes que trató y retrató en su estadía francesa, pero suma algo de suspenso.

La acción comienza en Arles un año después de la muerte Van Gogh, cuando el cartero Joseph Roulin pide a su hijo Armand que entregue la última carta a Theo en Paris.  

El joven viaja de mal grado, pero una vez en el barrio de Montmartre descubre que el destinatario también ha muerto se involucra personalmente y va al pueblo donde Van Gogh intentó recobrar la salud para buscar a las personas que lo vieron vivo y descubrir lo que esconden sus testimonios contradictorios.

Una curiosa conjunción entre arte y misterio, con un resultado visual sorprendente que convierte a la obra y a su creador en coprotagonistas y podrá verse el miércoles 19 de junio a las 18 horas -en el marco del “Ciclo de Cine Cátedra Abierta”- en el  Aula Magna de la Universidad Nacional del Sur – Avenida Colón 80-, con entrada libre y gratuita.

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