Boletín sobre estadísticas laborales de Bahía Blanca y Cerri

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Fue difundido el Boletín de Estadísticas Laborales de Bahía Blanca-Cerri, realizado a través del proyecto de investigación “Problemática laboral del aglomerado Bahía Blanca-Cerri”. Es financiado con fondos de la UNS y dirigido por Gustavo Burachik, con la asistencia de Nicolás Saguí.

Los datos laborales correspondientes al tercer trimestre, en línea con la mayoría de los indicadores económicos, no sugieren que la economía nacional esté ya en el camino de una recuperación. Es necesario recordar que la información del período 2007/15 se encuentra en proceso de revisión por parte de las nuevas autoridades del INDEC como consecuencia de falencias de diverso tipo. Los problemas afectan en especial a la información del aglomerado Gran Buenos Aires, pero la confiabilidad de la información de los demás centros urbanos relevados tampoco está garantizada. Teniendo en mente estas reservas, mantenemos el formato habitual del gráfico y de la tabla de variables laborales básicas.

El mercado laboral urbano nacional mostró en el tercer trimestre niveles elevados de desocupación, es decir, una alta proporción de personas sin empleo que buscan activamente trabajo. También buscaron trabajo más de 14% de los ocupados, la mayor parte de los cuales estaba empleada pocas horas y deseaba trabajar más. La suma de desocupados y ocupados demandantes da una idea de la presión que ejercen los oferentes de fuerza de trabajo sobre un conjunto acotado de oportunidades laborales. Visto de otro modo; cerca de una cuarta parte de la población activa urbana a nivel nacional está buscando trabajo, en plena recesión.

A primera vista podría afirmarse que la situación laboral en Bahía Blanca-Cerri es menos acuciante que la del promedio nacional; tanto la desocupación como el porcentaje de ocupados que buscan empleo son más bajos. La realidad, sin embargo, es diferente; la proporción de personas ocupadas es de hecho más baja a nivel local. Que la desocupación abierta parezca reducida se debe a la menor tasa de actividad (proporción de la población que se declara activa en el mercado laboral). Es preciso recordar que una proporción indeterminada de las personas sin ocupación deja con el tiempo de buscar activamente empleo lo que implica una modificación de su condición laboral de desocupado a inactivo.

Este cuadro laboral es coherente con la continuada contracción de los indicadores de actividad económica durante el tercer trimestre tanto a nivel nacional como local.

Nota de investigación: crisis económica y crisis social

En el primer semestre de 2002 el peso se devaluó fuertemente y el nivel de actividad económica dejó de contraerse y comenzó a repuntar. La devaluación y las políticas económicas aplicadas desde diciembre de 2015 no han producido, hasta el momento, el mismo efecto. Se pueden señalar varias diferencias. Primero, la magnitud de la devaluación y la consiguiente licuación de costos salariales, deudas bancarias (pesificación asimétrica) y costos energéticos (pesificación y congelamiento de tarifas) fue muy superior en 2002. En otras palabras, la magnitud del impulso que estas políticas brindaron a las ganancias de las empresas (en detrimento de los salarios y el fisco) fue mayor. Segundo, el grado de subutilización de la capacidad productiva era mucho más bajo en 2002 que a fines de 2015 (pese a que la economía se encontraba estancada desde mediados de 2011); en 2002 era mayor la tentación para las empresas de aprovecharla restableciendo turnos, horas extras o trabajadores (con un costo salarial recortado y en disminución) y con ello disminuir costos fijos unitarios (aumentar beneficios). Tercero, la situación internacional. En 2002 estaba comenzando un ciclo alcista de los precios internacionales y de bajas tasas de interés. Las perspectivas económicas mundiales lucen ahora muy diferentes; no se espera que los precios de los productos de exportación inicien un período de subas mientras que sí es probable que se reduzca la disponibilidad de crédito externo y se eleve su costo. La economía brasileña, un mercado importante para las exportaciones industriales argentinas, opera ahora como otro factor contractivo, a diferencia de lo que ocurría en 2002.

Que los márgenes de ganancia no hayan aumentado desde diciembre de 2015 tanto como en 2002 no implica que las políticas en curso no hayan implicado una nueva disminución de los salarios y un agravamiento de la ya crítica situación social. Según datos del sistema previsional el promedio de los salarios de los trabajadores registrados fue en el segundo trimestre de 2016, 34% más alto que en igual período de 2015. Con una inflación minorista (IPC Congreso) de 44% esta variación nominal implicó una disminución real de 7%. Como los precios de los alimentos aumentó aún más (no hay dato oficial para precisar), la verdadera disminución del salario real de los trabajadores fue mayor.

Naturalmente, tanto la contracción del empleo como la evolución de los salarios es aún más desfavorable entre los trabajadores no registrados que representan aproximadamente un tercio de la fuerza de trabajo. Es seguro, por lo tanto, que la brecha salarial entre trabajadores en blanco y no registrados, se amplió.

 

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