Cristina cuenta sobre ARSAT

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La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner publicó, en su página oficial, un escrito referido a las políticas telecomunicacionales  desde la asunción de Néstor en 2003, pasando por sus dos mandatos entre 2007 y 2015; la creación de la empresa estatal Arsat y la desidia de las políticas Macristas de hoy. El texto titulado “No es la competitividad, es la continuidad, estúpido (Crónica de un prólogo)”,  será el introductorio al libro del ingeniero Matías Bianchi, ex titular de la empresa estatal ARSAT.

 

En el infierno

El 25 de mayo del 2003, Néstor  Kirchner asumía a la Presidencia de una Nación que atravesaba su peor  crisis institucional, económica y social. La fragmentación política  convivía, a duras penas, con extremos niveles de pobreza e indigencia.  La industria era una especie en extinción. Una deuda externa agobiante y  defaulteada, superior una vez y media a nuestro PBI, condicionaba la  vida de los argentinos y pulverizaba sus esperanzas. Estos eran solo  algunos de los signos de época.

Como no podía ser de otra manera, el  sistema científico y tecnológico, junto a la educación argentina,  estaban en uno de los peores momentos de la historia: los salarios de  docentes e investigadores no solo no alcanzaba para llegar a fin de mes,  sino que en muchos casos se pagaban con distintos bonos provinciales  que fungían de monedas. Hasta eso había desaparecido en argentina: no  teníamos moneda. La emigración fue la salida para miles de argentinos,  altamente calificados, de todas las disciplinas. En esa Argentina del 2003 sólo 738.952 hogares tenían acceso a internet, con sólo el 20% de banda ancha. En INVAP apenas trabajaban 400 personas en  distintas casas de la ciudad de Bariloche, adaptadas para poder dar los  primeros pasos en la construcción de satélites de observación de la  Tierra. Nahuelsat era el operador satelital nacional, DE CAPITALES PRIVADOS, con un satélite CONSTRUIDO EN EL EXTERIOR.

La televisión abierta analógica, en el mejor de los casos, permitía  sintonizar 4 canales, a lo sumo 5 subiendo al techo y re-orientando la  antena, se podía recibir en la Ciudad de Buenos Aires uno más a costa de  perder la sintonización de los 4 anteriores (canal 2 de La Plata). La  televisión pública tenía tan sólo un canal, con una audiencia mínima y  una programación con grandes oportunidades de mejora.

 

La crisis del espacio. La decisión.

En el año 2006, la crisis de Nahuelsat  llegó a poner en riesgo la Posición Orbital Geoestacionaria de 81° Oeste  asignada a la Argentina por la Unión Internacional de  Telecomunicaciones (UIT), organismo dependiente de Naciones Unidas. Para proteger este patrimonio  nacional, Néstor Kirchner con mirada estratégica y la fuerte convicción  de apostar por la industria nacional –en este caso de altísimo valor  agregado- y la capacidad de los argentinos envía al Congreso de la  Nación un proyecto de ley. Se trataba, nada más ni nada menos que de la  Ley de creación de Arsat, la empresa de soluciones satelitales del  Estado Nacional. La misión de Arsat era, no sólo proteger las dos  posiciones orbitales que tenía asignadas nuestro país: La 81° Oeste (sin  utilizar) y la 72° Oeste donde el satélite Nahuel-1 llegaba al fin de  su vida útil. Arsat, además tenía que hacerlo con SATELITES DISEÑADOS Y  FABRICADOS EN ARGENTINA, apostando fuertemente a las capacidades de  INVAP.

 

Los resultados.

En el año 2010, luego de la adopción de la  norma japonesa de televisión digital ISDB-T por parte de Argentina,  junto con la mayor parte de la región latinoamericana, comenzó el  despliegue de la Televisión Digital Abierta, también encomendado a  Arsat. La Televisión Digital Abierta (TDA) no fue  encarada como una mera transición tecnológica, sino como una  transformación de la televisión abierta. Los argentinos miramos más de 4  horas de televisión diaria en promedio y es una de las principales  fuentes de información y entretenimiento, sobre todo de la población más  vulnerable. El despliegue de la TDA, a cargo de Arsat, consistió en  cubrir todo el territorio complementando la televisión abierta terrestre  en los centros urbanos poblados más grandes con la televisión abierta  satelital en aquellas localidades de escasas población y en el ámbito  rural.  La televisión abierta, para ese entonces, ya tenía a  canal Encuentro (creado por el Ministerio de Educación) y la Televisión  Pública: una programación de primer nivel. Luego se sumaron nuevas  señales públicas nacionales como Paka Paka, DeporTV, Incaa TV, TecTV,  Acua Federal y Mayor a las que se sumaron nuevas señales impulsadas por  la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual, privadas y públicas. Con el Plan Argentina Conectada,  lanzado en el 2011, Arsat desplego una red troncal de fibra óptica de 36  mil kilómetros con un objetivo: que el acceso de la banda ancha fuera  homogéneo en toda la Argentina. Esta decisión de que el Estado garantice  la conectividad de todos los argentinos le valió a nuestro país el  Premio Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información  del 2012. Premio otorgado por la UIT.

En el año 2014 aún recuerdo el día que  inauguramos el Centro de Ensayo de Alta Tecnología S.A (CEATSA), empresa  conjunta entre INVAP y Arsat con la capacidad de ensayar los satélites  geoestacionarios para simular las condiciones que estos enfrentaran en  el espacio. Esta nueva empresa consolidó la capacidad de nuestra  naciente y pujante industria satelital, evitando tener que trasladar los  satélites creados por Arsat a Europa o los Estados Unidos para ser  ensayados antes de ser enviados a sus orbitas de operación. No sólo se  ahorraba tiempo, costos y riesgo, sino que se lograba algo mucho más  importante: disponer de capacidades tecnológicas y comerciales nuevas y  PROPIAS. En síntesis: profundizar la soberanía tecnológica. El 16 de octubre de 2014 y el 30 de  septiembre de 2015 los satélites Arsat-1 y Arsat-2, diseñados y  construidos por INVAP, fueron lanzados al espacio exitosamente y se  ubicaron en las posiciones orbitales de 72° y 81° Oeste. El  orgullo y la alegría que sentí en esos momentos es algo intransferible:  los argentinos habíamos logrado ser el primer país de toda  Latinoamérica en lograr este desarrollo tecnológico.  Debo confesar que me hubiera gustado que él lo hubiera podido ver. Lo  merecía más que nadie. En el 2006 cuando todavía estábamos en el  infierno, y nadie apostaba una ficha por nosotros, él vio que podíamos  llegar a realizar cosas que ni nosotros mismos imaginábamos. O ¿alguien creía en el año 2006 que 8 años más tarde íbamos a estar lanzando satélites al espacio creados por nosotros mismos?.

Cumplimos con su sueño. Cumplimos con el objetivo trazado por la Ley de  creación de Arsat (26.092) promulgada en 2006. Argentina con Arsat y su  flota tiene la capacidad de ofrecer servicios en todo el continente  Americano, desde Canadá a Tierra del Fuego, llegando incluso al  continente Antártico.

Para profundizar el proceso de  consolidación de la industria satelital argentina se envió al Congreso  Nacional el Plan Satelital Geoestacionario Argentino, que fue sancionado  como Ley 27.208 de Desarrollo de la Industria Satelital.

Este Plan tiene como objetivo ampliar los  servicios de Arsat con nuevas posiciones orbitales ocupadas por más  satélites fabricados en el país, buscar exportar plataformas satelitales  a operadores de otras nacionalidades y mejorar la tecnología de los  satélites así como su componente nacional, mediante la articulación con  el Sistema Científico Tecnológico Nacional. El Plan también contiene  claras directivas para enfocar el desarrollo satelital en cooperación  con las iniciativas y esfuerzos de la región así como capitalizar las  tecnologías dominadas a otras áreas del entramado industrial argentino.

 

¿Cambiemos?

El 10 de diciembre de 2015, la Alianza  Cambiemos asumió la responsabilidad de gobernar la Argentina, tras  imponerse en el ballotage de noviembre por una mínima diferencia.

Mauricio Macri recibió un país muy  distinto a aquel que tuviera que conducir Néstor Kirchner. La  desocupación era de un dígito, la deuda con el FMI estaba cancelada y el  país  había sido desendeudado en forma inédita, a punto tal que la  deuda ya no era el condicionante de la economía argentina, como sí lo  fue durante décadas. Estas, entre otras tantas variables  macroeconómicas, mejoraron notablemente la vida de los argentinos.

A finales de 2015, 15 millones de hogares  ya contaban con internet de banda ancha, más de 6 millones con  conexiones fijas y casi 10 millones con conexiones móviles. Los apenas  738.952 hogares con acceso a internet del año 2003: sólo un recuerdo del  infierno.

El operador satelital, ahora público, pasó  a ser un operador de telecomunicaciones; y de ser una empresa de 60  personas pasó a contar con una dotación de 550 personas, mayormente  ingenieros, técnicos y profesionales de diversas áreas del conocimiento.

INVAP, que en 2003 contaba con 400  empleados, como consecuencia del desarrollo satelital pasó a una  dotación de 1.400 empleados, siendo 85% altamente calificado  una sala  limpia para la integración de satelites a nivel internacional.

Arsat, al 10 de diciembre de 2015, contaba  con dos satelites diseñados y construidos en el país, 88 estaciones de  TDA terrestres cubriendo el 80% de la población y cobertura satelital  para abarcar el 100% del territorio nacional (incluyendo la peninsula  antártica) con más de 16 señales digitales de alta calidad y excelente  contenido.

A esa fecha 11.000 kilómetros de la red de  fibra óptica ya estaba en servicio, con una programación para iluminar  los 25.000 kilómetros restantes, a más tardar a mediados del 2016. Un  centro de datos en benavidez de 4.500 m2, con las más altas  calificaciones y una estación terrena ampliada en el mismo lugar.

Los balances de Arsat mostraban  crecimientos constantes en las ventas (con tasas de crecimiento  superiores al 30% anual) y resultados operativos positivos.

El Centro de Esayo de Alta Tecnología S.A.  (CEATSA) asociación virtuosa entre Arsat e INVAP, cuyas instalaciones  cuentan con la capacidad de ensayar satelites de 3 toneladas, también  fue parte de la “pesada herencia” que recibió la Alianza Cambiemos a  finales del 2015.

En síntesis: en materia satelital, la  Alianza Cambiemos recibió un operador que pudo atravesar una fuerte  tormenta gracias a la intervención del Estado, que con una inversión de  más de USD500 millones hizo surgir la industria de desarrollo satelital  de altísimo valor agregado y posicionó a Arsat e INVAP a nivel  internacional, donde en los albores del proyecto auguraban un fracaso  latinoamericano.

Además recibieron un plan de desarrollo  aprobado por ley –la mejor forma de consolidar una política de estado-  que ya no requería la inversión del tesoro nacional, sino que utilizaba  los recursos generados por el operador recuperado que además sumaba el  crédito que era capaz de conseguir.

 

Cambiamos.

Desde que Mauricio Macri asumió el gobierno  y la posibilidad de dirigir los destinos de Arsat, la ley 27.208 fue  completamente ignorada y su primer paso, el Arsat 3, “inexplicablemente”  demorado. Las comillas que coloqué en el  “inexplicablemente” del párrafo anterior tienen su orígen en que cuando  estaba redactando éste prólogo, el periódico porteño Página 12 publica  el 12 de septiembre del corriente año una nota de Fernando Krakowiak:  “Lobby extranjero para barrer con Arsat”, revelando que el propio  Ministerio de Comunicaciones, poseedor de las acciones de Arsat, comenzó  a habilitar a satélites extranjeros para que brinden los mismos  servicios en nuestro país que los que brindan los satélites Arsat 1 y 2.

 

El neoliberalismo y la “falta de competitividad argentina”.

La lectura de la nota es altamente  recomendable para entender como se bombardea la posibilidad de  desarrollo de alta tecnología nacional. Pero además sirve para  entender un problema estructural de la Argentina que el neoliberalismo  ha vendido como “falta de competitividad argentina”, creando  subjetividad social para la entrega. En efecto, siempre hemos escuchado,  y en los tiempos que corren aún más, que la industria argentina no es  lo suficientemente competitiva y que por lo tanto hay que “abrir” la  economía. Lo cierto, en el caso de la industria satelital, es que la  Argentina, en menos de diez años, fue capaz de diseñar, ejecutar y poner  en órbita dos satelites geoestacionales de comunicación. Todo ello  inmediatamente después de haber sufrido la crisis económica, social e  institucional más grave de la que se tenga memoria. Sin embargo, quieren  poner a competir a esta industria con la de aquellos paises que la  vienen desarrollando desde, por lo menos, la segunda Guerra Mundial. Si tenemos en cuenta que Argentina fue, en  la década de los ’50, el primer país de latinoamerica en proyectar y  ejecutar el primer avión a propulsión, y luego sobrevino el ostracismo  industrial, es fácil entender que no es la falta de competitividad  nuestro problema, sino la falta de continuidad de las políticas de  industrialización, investigación y desarrollo por parte del Estado.

No es la competitividad, es la continuidad.

En materia satelital lo podemos ver claramente. Cuando el Estado  intervino estableciendo como política el desarrollo de tecnología de  punta e INVIRTIENDO recursos, pusimos dos satélites en órbita diseñados y  construídos por argentinos. En este caso la “apertura” es sólo un  eufemismo para abortar la soberanía satelital argentina y volver a la  dependencia tecnológica.

 

 

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